Mi mujer sale a escena y se cumple la curiosidad de que Marisa también es de San Bartolomé. Pronto vemos cómo ambas familias se conocen. Manolo nos deja una frase que heredó de una de sus profesoras. "Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio". Mi tío sonríe admirado y "envidioso" por no tener el don de la meticulosidad que sí posee Manolo.
Marisa nos habla de un genio de las matemáticas que no se paraba ante nadie y su voz es pura ternura. Su pasión por el Nazareno se aprecia en toda la casa y lo luce con orgullo.
Empieza a llegar la hora del adiós cuando Talavera ha empezado a ver un cielo negro de la noche y con lluvia. El tiempo pasa volando cuando se vive una experiencia así y cuesta despedirse. Rememoran de nuevo limonadas antiguas y Manolo nos habla de lo mucho que trató y quiso a la familia Plaza recordando que fue amiga de la madre de esta familia tan representativa de la cofradía. Vicente, Tere, Agustín, Dani... Son traídos a la memoria de Manolo siempre con cariño.
Tras hablar de sus medallas, que luce con orgullo, nos cuenta una anécdota dura y clara.
"A mí no me quisieron meter en la Hermandad. Como la cofradía era de Socorro pensaban que iba a arruinar a la cofradía y tuve que superar muchos rechazos para entrar en ella. Mi padre, finalmente, convenció al presidente de entonces y pude entrar pero costó".
Manolo habla sin rencor y a mi tío y a mí nos cuesta imaginar rechazar a alguien en una cofradía y menos a un valiente como él pero aquí no estamos para juzgar y el corazón de Manolo tampoco tiene hueco para el rencor.
La conversación va llegando a su fin pasadas las 9 de la noche tras 3 horas que han pasado en un suspiro. Recuerdos de la mayoría de edad en la Hermandad, el cambio de las formas de confirmarse y su título de Campeón del catecismo son momentos en que hay cariño, complicidad y admiración entre Manolo y Eloy. Su mujer mira orgullosa. Una anécdota traviesa pone fin a un diálogo en el que dos amigos se han reencontrado y donde han pasado 50 años de Hermandad delante de mí.
"Me disloqué el brazo cuando tenía 4-5 años. Cómo no me paraba nada, al salir de las Benitas llenábamos la cuesta hasta las Carmelitas de arena y resbalábamos". Ambos se ríen con ganas y apreció en mi tío emoción en la mirada por un momento de los que uno guarda en su corazón para siempre. La despedida cuesta y llega tras hablar de dónde nación Manolo y de la vida actual de ambos.
Nos marchamos y veo como ambos se estrechan la mano dándose las gracias mutuas por un rato inolvidable y por una amistad de más de 40 años. Me despido de Manolo y de su mujer admirándole aún más todavía y feliz de lo que he vivido. Volveremos pronto.
Me recuerda que le gustaría ver a mi abuela, que sus puertas están abiertas para todos y que desea ver pronto a su amigo Leandro. Veo a mi tío encarar el ascensor feliz y sin ser quizás consciente de que han protagonizado un momento que quedará guardado en la memoria por muchos años. !!Gracias a ambos!!




